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Cuando la granja empezó a recibir más pedidos de los que podíamos anotar en papel, el teléfono se convirtió en el centro de operaciones. Cada semana había que confirmar entregas, coordinar visitas de escuelas y llevar el registro de los huevos y las verduras que salían del predio. El sistema funcionaba, pero dependía de la memoria de todos y de una planilla que se actualizaba a mano.
Decidimos ordenar ese flujo con un tablero de seguimiento que reúne en un solo lugar los pedidos de la tienda, las reservas de talleres y las visitas guiadas. No es una plataforma compleja ni una app con mil funciones: es una herramienta interna pensada para que cualquiera de la familia pueda ver, en una mirada, qué hay que preparar, a quién hay que avisar y qué falta confirmar.
El trabajo se hizo por etapas. Primero relevamos qué datos se repetían en cada pedido y qué preguntas llegaban siempre por teléfono. Después armamos una vista semanal con las entregas pendientes, los insumos que se necesitan en la huerta y las tareas del invernadero. La parte más útil fue separar lo urgente de lo programado: así, un pedido para el sábado no se mezcla con la preparación del compost del mes.
El tablero también nos ayudó a entender mejor nuestros propios ritmos. Al ver los pedidos de los últimos meses, notamos que las mermeladas de frutos rojos se venden más en otoño y que las visitas de escuelas se concentran en primavera. Con esa información, ajustamos la siembra y la producción de conservas para tener stock justo cuando hace falta, sin excedentes que se acumulen en la despensa.
Hoy, el seguimiento de pedidos y visitas ocupa menos de una hora por día, y el teléfono suena solo para consultas puntuales. La planilla de papel sigue existiendo como respaldo, pero ya no es la fuente de verdad. El cambio no fue tecnológico: fue de método. Aprendimos que ordenar la información de la granja es tan importante como cuidar el suelo.
- Vista semanal de entregas y reservas, con prioridades claras.
- Registro de pedidos de la tienda y de visitas de escuelas en un mismo lugar.
- Historial de ventas por estación para planificar la producción de conservas.
- Alertas simples para confirmar entregas y avisar a los vecinos.
- Respaldo en papel, pero con el tablero como herramienta principal.
El tablero no reemplazó el trabajo de campo: lo hizo más visible. Ahora sabemos qué se necesita, cuándo y para quién, y eso nos permite dedicar más tiempo a la huerta y menos a buscar datos en papeles.